Dentro
de nuestras modestas posibilidades, desde este sitio nos proponemos
ofrecerles a quienes nos visitan otra mirada de los lugares que
a menudo pasan desapercibidos por la vorágine de lo cotidiano.
Con esa intención nos dirigimos a Salvador María,
para tomar algunas fotografías de esa entrañable
localidad de la zona rural. Preparamos el termo para tomarnos unos
buenos mates durante el trayecto y partimos, para sacudirnos un
poco la modorra típica de los domingos. Si bien no es una
novedad, no deja de sorprendernos que exista en Salvador María
un cybercafé, y decimos esto porque de algún modo
viene a derribar los estereotipos que uno tiene del hombre de campo. Es que las últimas tendencias han llegado al campo, y la
mayoría de los chicos, sean de la zona urbana o bien de
la zona rural, cuentan hoy con su casilla de e-mail, por citar
un ejemplo. Recorrimos la estación de tren, y tuvimos una
grata sensación al descubrir que, a pesar de la decadencia
del ferrocarril en la Argentina , al menos ese punto de referencia
se encontraba en buenas condiciones. El tradicional cartel con
el nombre de la estación se encontraba, eso sí, bastante
deteriorado y las malezas dificultaban su visualización Pasamos por la iglesia, una edificación
de líneas sencillas pero que sin lugar a dudas resulta muy
cara a los sentimientos de los feligreses. La avenida Dr. Jerónimo
Topa luce en óptimas condiciones, con una correcta señalización
y el pavimento bien conservado. Nos detuvimos en la Escuela N º 30 “Luis
Jacinto Santamarina”, en las afueras del pueblo, por expreso pedido
de una integrante de nuestro staff que quiso visitar el establecimiento
en el cual había estudiado de niña. En las inmediaciones
del establecimiento se encuentra el predio del Club Estudiantes.
Allí vimos los restos de un viejo tranvía, y entre
los integrantes de nuestro equipo se sucedieron los gestos de asombro
ante lo insólito del hallazgo. Cuando emprendíamos el regreso a Lobos
comentamos los sitios que habíamos visitado y casi sin darnos
cuenta ya íbamos pensando en cómo darle forma a esta
humilde crónica que usted está leyendo en este instante. Nos fuimos de Salvador María con la promesa
de volver, seguramente para visitar a los numerosos amigos que
tenemos allí dado que por una cuestión de tiempo
no pudimos encontrarnos con ellos en esta ocasión. |
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