|
1896 - ANTONIO CARBONI
Por Decreto de la Provincia de Buenos Aires de fecha 14 de Octubre
de 1896, se resuelve aceptar la designación propuesta por
la Empresa del Ferrocarril del Sud para habilitar una Estación
después de Empalme Lobos, en la línea Lobos - 25 de
Mayo.
El señor Antonio Carboni, hacendado de la zona, dona los
terrenos para habilitar la Estación por lo que la misma lleva
su nombre. Frente a ella comienzan a construirse una serie de edificios
destinados a prestar servicios a los tamberos y sus familias que
trabajaban en el campo.
La Estancia Santa Rita tenía una extensión de 13.163
Has y en 1898 estaba casi toda su extensión dedicada al tambo.
Fue el primero en arrendarse a una compañía lechera,
llegando a contar con dos estaciones de ferrocarril, ya que en 1898
se inaugura Elvira.
El primer trazado de la localidad data del año 1916, dividiéndose
parcelas ya construidas. En el plano de división aparecen la Iglesia
, donada por la familia Blaquier y levantada según planos del Arquitecto
Alejandro Bustillo, el almacén de ramos generales, el correo, la panadería.
El pueblo se va armando a través de sucesivos parcelamientos,
quedando dividido en dos por la vía del ferrocarril |

|
|
SANTA RITA LOBOS - BUENOS AIRES Como en un relato fantstico,
la arquitectura expansiva de un castillo rosa se yergue sobre
la chatura del campo. Es la casa principal de la propiedad de
los Nüdemberg, 200 hectáreas
en las cercanias de Carboni.
Su original estilo despertó la curiosidad de unas cuantas revistas internacionales,
como Architecture & Design. Con una fuerte dosis de eclecticismo, su estética
recrea la de un castillo del siglo VII; tiene torre vidriada, y las figuras
de Baco y Neptuno parecen vigilar desde lo alto. Sorpresas nos dan las pampas.
Por dento, reina el barroco. Igual que del otro lado, en el gran caserón
de una sola planta -donde también alojan-, custodiado por leones y
envuelto en glicinas y santa ritas.
El cine tampoco puede esquivar el asombro y cada vez que el guión
lo justifica, allá van las productoras.
El origen de la estancia se remonta a finales del 1700, cuando el casco original
fue construido por la familia Ezcurra. La casa grande tenía 17 habitaciones
y siete baños, pero fue ampliándose, hasta que en 1840 doña
Encarnación, esposa de Juan Manuel de Rosas, heredó la estancia
que entonces tenía varios miles de hectáreas.
Más
tarde, Santa Rita psó a manos de un sobrino de los Ezcurra; éste
la vendió en 1890 al senador provincial Antonio Carboni, y casi un
siglo después la adquirieron Franklin Nüdemberg y su esposa,
Isabel Duggan. El espíritu colonial sólo lo conservan la capilla,
una barraca y la cancha de pelota a paleta. Franklin es médico y durante
mucho tiempo vivió con sus siete mujeres -esposa y seis hijas- en
Estados Unidos, Brasil y Alemania (donde compró una chacra junto al
Rhin, sobre la que también volcó sus fantasías). Amante
de la pintura y la escultura, aprendió en Italia las técnicas
del estuco; dan fe las molduras onduladas junto a las columnas con capiteles
de palmas. De su autoría son las esculturas que surgen en el hueco
de la escalera y las pinturas de los entrepisos.
Isabel se encarga, entre otras cosas, de la cocina. Platos fijos de la casa
son las pastas caseras y los buenos cortes de carne asada.
Se puede pasear en carro hasta la cañada para la observación
de aves y hacer caminatas por el frondoso bosque y el lago. A la piscina actual
se añadirá, en breve, otra con dimensiones más generosas.
Carboni y el tren
Santa
Rita fue uno de los establecimientos productores de leche más importantes
de la provincia.
Entonces Carboni había cedido parte de su estancia para levantar la
estación ferroviaria, y así surgió el pueblito homónimo,
que bien merece una visita.
No se pierda la capilla: hay frescos traídos por los primeros habitantes
- vascos y calabreses- que llegaron después de la II Guerra Mundial.
Colaboración de nuestra amiga lobense: Lilly
Donatelli - Ristic>> MujerArgentinaUsa@yahoo.com
|
 |